Alejandro Chávez

La obra más reciente de Alejandro Chávez, Norte, es la revelación de un viaje interno que le sucedió mientras viajaba por esa región del país donde la vida es una línea quebrada. Es también una manera de citar el ánimo de quien aguarda la irrupción del Norte: cuando el cielo se cierra, el viento sopla avasallante y una ráfaga de incertidumbre se cierne en el espíritu. Momento preciso para actuar.

Dice Alejandro Chávez:

Para mi, Norte es un crecimiento. Viajar fue darme un poco de topes con ciertas ideas que tenía y fue también la posibilidad de enfrentarme a ellas, como el hecho de trabajar en un bar tocando canciones que ni siquiera eran lo comercial dentro de lo alternativo, sino que eran lo más comercial. Ese tener que sobrevivir con la lira haciendo cosas que no me gustaban. Musicalmente comencé a manejar diferentes ritmos que fui encontrando en el camino o que me llegaron con intensidad desde mi pasado y mi relación con la música. En el norte del país vi y viví muchas cosas que me hicieron cambiar mi visión del mundo y del estado actual de las cosas.



Norte tiene que ver con un proyecto de vida que se derrumba y un proyecto de vida que nace, a partir de ese derrumbe. Es también una reconciliación conmigo mismo y con el impulso de hallar en la canción mi camino, mi forma de expresar lo que entiendo de esta vida y el tiempo que me ha tocado vivir”.

Alguna vez, Julio Cortázar escribió: “Cuando uno decide irse, es porque uno ya ha partido”. Con ese impulso está hecho el viaje de Alejandro Chávez por la música, de esa intención que tiene raíces bien amarradas a la tierra y que a la vez fluye en ella por sus horizontes.

“Es curioso, pero cuando llegas al norte comienzas a valorar lo que tienes en el sur. Eso se percibe muy bien en este disco. Norte es un disco creado desde el Norte, pero mirando el Sur. Yo me fui buscando otras respiraciones, pero también muy conciente de lo que he ido encontrando en la vida y en los distintos lugares donde he vivido. Eso se refleja, también, en cierta ingenuidad y en una actitud esperanzadora. Eso está en Norte, como están una serie de emociones que ya no son tan voluntarias: una tristeza muy grande, una rabia, el sentido de la soledad. Es una obra que incluye muchas emociones. Una cosa es la temática que se maneja en los textos y otra es la extensión y la dimensión que te puede dar la música, una diversidad de tímbricas, músicos muy talentosos que enriquecen las rolas y las emociones.

Norte es la obra de un músico, en un estricto sentido que abarca sentimientos, maneras de encarar el arte musical y el arte de vivir. Pero es también la conjunción que un trabajo colectivo hace posible. Esos encuentros que se van suscitando como una casualidad, pero que en realidad son una correspondencia que el ser tiene para comunicarse con almas afines.

“Azar, esa es la palabra que encierra esta obra. Pero también camaradería y miradas comunes hacia este mundo. Al principio había pensado en un disco muy personal: con mi guitarra, mi voz y mis canciones. Pero cuando terminé una primera versión, con esos elementos, creció con más fuerza un pensamiento que siempre he tenido: hacer un disco con muchos instrumentos, porque mis canciones tienden a colectivizarse con otros músicos. Me hice una fantasía en la cabeza, pensando en un disco que me encantaría hacer, y poco a poco lo fui haciendo.

“Para mi es una ruptura con respecto con lo que es la trova. Aun cuando nunca me he sentido parte de la trova, mucha gente me ha percibido así. Norte quiere ser una ruptura con esa percepción. Crecí mucho con la trova, pero mi concepto de la música es distinto. Mis influencias provienen también del jazz y el rock, de la música tradicional mexicana. A fin de cuentas, Norte contiene una música de adentro y busco una conexión con las cosas que no conozco de mi y de la gente, es una búsqueda de puentes hacia lo propio y hacia lo colectivo.”

Texto intercalado y entrevista: Raúl Silva