Diego Dana

Un poco de historia.. 

Como toda historia , tiene elementos pensados y , en su mayoría, fortuitos...

De pibe , quería ser futbolista, como la mayoría de mis amigos de Tolosa , un barrio de La Plata (Argentina) que en aquellos años (soy del 67) era una especie de pueblo , apartado de la urbe, minado de potreros improvisados en los baldíos , con calles de tierra y escombros donde crecía el pasto por el escasísimo tránsito que las aquejaba. Realmente cada vez que pasaba un coche o un carro ( sobre todo el del sodero) interrumpía algún picadito de fútbol improvisado.

Mi madre era la que nos intentaba inculcar “algo artístisco” y así fue que empecé , contra mi voluntad, a estudiar guitarra con un luthier de mi barrio que se llamaba Coco Moiril que me vendió una guitarra que había fabricado con una vieja puerta. Fue inútil , Coco finalmente desistió y se negó a seguir cobrándole a mi vieja por clases que no iban a ningún lado; donde se repetía la misma ceremonia : - estudiaste? – No y así varias semana nos mirábamos con cara de Poker , estudiándonos para ver quien era más fuerte. Realmente fui yo , pero no el más fuerte, sino el más caprichoso.

Llegó la adolescencia y con ella , las primeras aproximaciones a los sentimientos fuertes : el amor , la soledad , lo existencial y ella . la guitarra, me esperaba durmiendo una larga siesta de años , con sus cuerdas fofas por la falta de ejercicio, con ciertas curvaturas que eran los achaques del poco uso , casi resignada a ese destino de caer en manos de un insensible. Me animé , la tomé en mis brazos como a esa primera mujer que me cortaba el aliento en la escuela y arranqué un sonido turbio , disfónico , atormentador , como si en ese acto se hubieran liberado fuerzas ocultadas por siglos y siglos de ostracismo. Pero me sentí mejor, me embargó un sentimiento de compañía , de seguridad, como de un autismo compartido, ella y yo , madera y brazos, intentando entendernos y entender lo que nos rodeaba.

Fueron muchos años de complicidad secreta, de escondernos en una pequeña pieza y soñar, no con ser cantantes y esos sueños tan obvios de operaciones “triunfo” , sino algo más ambicioso. De poner en palabras los sentimientos , las flaquezas.

Cuando se cierra en Argentina el cruel Proceso , que no fue más que un ataque permanente a lo más osado y claro de nuestros jóvenes, empiezan a aparecer palabras “nuevas “ para mí como desaparecidos, tortura, apremios ilegales.

Son como cachetazos al mundo idealizado y cristiano que tenía, que en poco tiempo , se despedazó ante mí dejando una muda como la de las serpientes y calzándome otro traje , más rebelde , más cuestionador de todo lo vivido. Junto con eso empezó un clima de cierta libertad, las paredes comenzaban a lucir grandes letras hechas con brochas que pedían “liberación” “aparición con vida” y grandes marchas con banderas pancartas y tambores. Comencé a escuchar otras músicas para mi nuevas un tal Víctor Jara de Chile que había sido asesinado por cantar , numerosos regresos de cantores y artistas para mí desconocidos como León Gieco, Víctor Heredia (que si bien no se fue , estuvo ausente de los medios), Mercedes Sosa con su voz de trueno, Quilapayún, Viglietti , Zitarrosa y dos cubanos que nos estremecieron a todos.

Silvio y Pablo, con sus guitarras al hombro. Serrat con su voz de gorrión herido convocaba multitudes.

Ellos y otros tantos nos dieron la letra para explicarnos qué había pasado por estas tierras del Sur , cuanta muerte hizo falta para esconder tanta vida.

Empezó la época universitaria y los amores y la política y la guitarra seguía allí en mis brazos como un escudo mágico para enfrentar a tanto fantasma que aparecía , para acompañar cada noche de vinos , historias .

Empecé a cantar en la peñas que se realizaban en las facultades, en las tomas que se organizaban reclamando apertura democrática y acceso a la educación para todo el pueblo y empezaron a nacerme canciones como pájaros o flechas pidiendo espacio para volar al fin.

Sin embargo , no fue sino gracias a los amigos de la noche que comencé a animarme a mostrarlas , a romper ese cerco íntimo y sufrí por perderlo ; pero luego se los agradecería ya que comprendí que si en algo servía mi canción , si emocionaba a otros , era una maravilla compartirlas y que terminaran de tomar sentido con la opinión de los demás.

Me presenté a un concurso de canciones que organizaba Radio Universidad y dos de ellas entraron en la grabación de un disco que editara un sello de La Plata. Me sentí raro , no era lo mismo cantar en vivo que cantar en un lugar semioscuro

Frente a maquinitas. Pero con la ayuda de los músicos y de Julio Lacarra (gran cantautor argentino) que dirigía la cesión pudimos por lo menos terminar dignamente aquello.

Uno de esos temas ¿Qué culpa tengo yo? , tuvo aceptación por los oyentes y me ofrecieron del sello grabar un disco con mis temas que fue “Bohemia” , con él anduve por Cuba en 1998 en el Festival del Caribe en Santiago de Cuba , allí conocí a José Aquiles y Jorge Sánchez , dos integrantes de la Nueva Trova de Santiago de Cuba que brindaron su cariño y apoyo. Luego en La Habana conocería a Santiago Feliú y tocaría en la Biblioteca Nacional en una sala dedicada a La Trova. Fue una experiencia vivificadora , ya que compartí muchos días con muchos músicos enormes y aprendí mucho.

Cuando regresé recorrí con una camionetita muchos lugares de Argentina ciudades y pueblitos llevando con mi grupo el espectáculo, como los antiguos titiriteros y fue un aire nuevo , de libertad.

Por esos años conocí a Rafael Amor , otro gran cantautor argentino que reside en Madrid, con el que compartimos muchos caminos y por quien pude conocer España .Aprendí mucho de él , ya que hacíamos giras muy artesanales , con un sonidito a cuestas y ganas de tocar y compartir con la gente, a la manera de los viejos juglares.

En el año 2001 edité mi segundo disco “Suelta tus sueños” en Argentina y en España, adonde vuelvo una vez al año y donde tengo grandes amigos como Jorge Sánchez en Pamplona, Rafael Amor en Madrid y Fede Comin en Granada, como también Quintín Cabrera (uruguayo) y muchos otros.

En el 2003 edito en forma independiente “Canciones de aquí y ahora” que es mi último disco y que es una toma de posición frente a lo que parecía un éxodo definitivo de nuestra gente, decido volver y quedarme y demostrarme que se pueden hacer cosas desde aquí y que hay todavía mucho por hacer.


Les cuento algo de esta historia que no es ampulosa sino la de un cantor que quiere que lo conozcan sobre todo como una persona , no como un fantasma que viene de no se donde y desaparece luego de la escena, sino como un amigo un compañero.

Mi página es solo un intento más de acercarnos, de tender un puente de sol ante tanta tormenta:
http://www.diegodana.com.ar/

Que así sea...


¡ A trovarse !

 

Regreso a sección trovadores