Vínculos

Kristos


Sería imposible encasillar o definir a Kristos tan solo como cantautor, una gama de influencias lo rodean y explotan en su voz cada vez que pisa el escenario. su espíritu de libertad y su fuerza en escena dejan al público boquiaberto y siempre con una sonrisa de satisfacción.

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Kristos no solamente cuenta historias y baila mientras canta, también nos habla de cosas tan tangibles como el hambre, la miseria, las vidas en la calle y los serios dilemas existenciales por los que atravesamos como seres humanos. Rupestre, callejero, con rolas que reflejan temas sociales que a todos nos afectan, y con una fuerte retrospectiva hacia si mismo, kristos se para en el escenario para regalar palabras fuertes y netas, que a todos nos mueven el tapete de lo cotidiano. "El rock es una forma de vida..." - nos comenta Kristos, y nada más cierto que eso, es una clara congruencia esta su forma de vida con sus letras y su música, como muchos, soñando con cambiar el mundo. Kristos sueña con hacer feliz a mucha gente con su música, mantenerse feliz a sí mismo como hasta ahora, y no dejar de llevar sus rolas a lo que más le importa, los escenarios pequeños donde la gente que realmente le interesa lo escucha.

Donde se pudo estudié primaria, secundaria y prepa. También tomé unos cursos elementales de pintura y música. Ya en Cuernavaca, cuando iba en la prepa (en realidad casi nunca iba), compré mi primera guitarra eléctrica y formé mi primer grupo de rock.

Atrofiados por la adolescencia, la falta de compromisos y la moda rockera de las revistas gabachas, nos juntábamos a hacer ruido, a comer pizza y a ver revistas de tangas. Cuando la fiebre pasó y nos aburrimos, quise seguir tocando y me integré al grupo Cielo y Lodo, y aunque muchos decían que deberíamos llamarnos Lodo y Lodo, tuvimos bastantes tocadas. Luego llegué a Ciudad Juárez y formé parte de dos grupos de rock: Nemesis y Misterio. Una noche agarré mi guitarra y frente a la antigua Aduana me puse a cantar (o a gritar) canciones de Rockdrigo, Normando López y Sergio Arau. Ahí me nació el gusto por la calle y la necesidad de componer mis propias rolas.

Al regresar a Cuernavaca toqué en dos grupos más: La Roncha y La lúgubre Teresa. Me salí porque me interesaba probarme como solista. Desde entonces toco en donde puedo: en camiones, en la tele, afuera de las iglesias, en los bares, cafés, fiestas de quince años, en el Metro del DF, en radio, en los mercados, en las marchas y foros callejeros y, sobre todo, en mi baño.